¿AÚN NO SABÉIS QUIEN SOY?
Como buen ladron o ladrona, también le he robado la contraseña a vuestro maestro para poder contactar con vosotros. Os tengo controlados..😎😎. Para seguir con el juego, deberéis de traducir el siguiente mensaje realizado en varios idiomas. Buscad el método y tendréis alguna posibilidad. Si no, con la ánfora me quedaré para siempre.
Στο σπίτι μου
Jeg må rydde hver dag
لأن كائن حي صغير
lasje ne prenehajo izpadati.
pista honekin
sitä lähemmäs pääset
難しいと思いますが
não importa o quanto você tente.
¡DE NUEVO VIERNES!
Día a día estamos consiguiendo aprender y mejorar para ser unos auténticos detectives. Todo ello siempre se conseguirá mediante esfuerzo e ilusión. Sin embargo, y como pasa siempre, es necesario conocer y aprender de la gente que nos puede ayudar, en este caso será de famosos detectives que han existido a lo largo de la historia. Conozcamos a
HÉRCULES POIROT
Detective privado belga, Hércules Poirot es el protagonista de más de treinta novelas y un buen número de relatos escritos por la autora inglesa Agatha Christie.
Bajito, de cabeza redonda, bigote cuidado y vestido de manera pulcra y ejemplar, Poirot se exilia en Inglaterra tras la ocupación alemana de Bélgica durante la Primera Guerra Mundial, estableciéndose como detective privado para aprovechar su experiencia como policía en su país de origen.
De carácter egocéntrico y ampuloso, Poirot tiende siempre a una gran teatralidad para exponer sus, por otra parte, impecables conclusiones. Desde su primera aparición en El misterioso caso de Styles (1920) y Telón (1975), el detective belga se convirtió en uno de los grandes favoritos del público y se han realizado numerosas adaptaciones al cine y la televisión de sus novelas.
¡YA ESTAMOS DE VUELTA!
Hoy es un día muy importante, aunque nosotros no lo creamos. Hoy celebramos el
DÍA DEL LIBRO!
Como todos sabemos, en este trimestre estamos camino de convertirnos en unos detectives profesionales, y para ello qué mejor que saber todo lo que podamos sobre la gran historia que estos personajes nos han ido contando a lo largo de los tiempos.
Primero, veamos un vídeo sobre la historia del detective más famoso de todos los tiempos:
Sherlock Holmes
A continuación, vamos a leer y comentar dos historias sobre investigación y valores:
VECINOS EXTRAÑOS
Terminaba el mes de enero cuando una noche, una familia nueva llegó a la casa de la esquina de mi calle. Después de la mudanza no vimos a nadie entrar o salir de la casa durante semanas, cosa que nos llamó poderosamente la atención. Sin embargo era evidente, por los movimientos que se observaban, que los vecinos nuevos estaban allí dentro.
En el barrio todos decían que esto era muy extraño. Comencé a imaginarlos con dientes de vampiros, ya que las pocas veces que los había visto había sido detrás de la ventana y casi siempre de noche. ¿Raro, no?
En mi cama, a la luz de una linterna, yo me imaginaba cómo eran. ¿Serían ellos espíritus o algo por el estilo? Estaba tan intrigado que propuse a Berta, mi hermana menor, que me ayudase a investigar.
Buscamos los prismáticos del abuelo y comenzamos a espiarlos con ellos. Así supimos que había un chico de la edad nuestra en la casa.
Berta trató de convencerme que fuéramos a tocar el timbre pero yo le propuse algo diferente.... vestirnos con ropa negra e ir por la noche al jardín de la casa para verlos más de cerca.
Fuimos la noche del martes aunque no pudimos verlos porque me pinché con las espinas de un rosal y salí corriendo. La segunda noche que lo intentamos fue un viernes y tampoco pudimos verlos porque el perro de Don Tomás, otro vecino, al vernos vestidos de negro no nos reconoció y ladró con tanta fuerza que tuvimos que correr hacia nuestra casa para que no nos viera nadie.
La tercera vez que lo intentamos fue, como dice el abuelo, la vencida. Nos decidimos a entrar por la puerta trasera. Mi deseo de saber que pasaba ahí dentro era superior al miedo que me producía entrar en la casa.
- ¡Shhh! Escucha eso Berta- le dije a mi hermana al escuchar unos pasos próximos en el interior.
-¡Vamos!- dijo Berta arrastrándome hacia el interior. Nos escondimos detrás de un sillón del salón pero fue imposible ocultarnos del todo cuando el hombre entró en el salón nos vio. Nos quedamos petrificados. Mi corazón parecía querer salirse del pecho. Berta estaba pálida, como un fantasma.
Un chico acompañaba al hombre. ¿Sería su hijo? - me pregunté -
- Señor...esto no es lo que parece. Es que noso...- de repente enmudecí al ver que el chico se acercaba rápidamente hacia mi. Vi sus dientes de vampiro. Me mordió.
-¡Quiero a mi mamá!- Gritó Berta mientras las lágrimas corrían por su rostro. Y creo que después me desmayé.
Al abrir los ojos, una señora de largos cabellos negros y muy, muy delgada me tenía en sus brazos. Colocaba un pañuelo mojado sobre mi cabeza.
- Disculpa, mi hijo Jeremías hace unas bromas muy extrañas. Siento que los haya asustado- dijo con voz serena y dulce la señora- Jeremías y su papá son fotosensibles. Esto significa que no toleran la luz del sol. Es una enfermedad poco frecuente pero basta con evitar la luz solar para llevar una vida casi normal.
- Yo... lo siento. Es que mi hermana y yo pensábamos que que...- no quise terminar la frase. Mi hermana y yo nos sentíamos realmente avergonzados por haber invadido la casa de los nuevos vecinos-
Aunque he de reconocer que me quedé más tranquilo al saber que no eran vampiros. Ahora entendía porque nadie salía de día y por la noche se acercaban a la ventana.
Mi hermana y yo decidimos no actuar nunca más como detectives y a partir de aquella noche fuimos todos los días a la casa de nuestros vecinos. Nos hicimos muy amigos de Jeremías, el chico de los dientes de vampiro. Nos reíamos mucho al recordar ese día.
Le conté a todo el mundo que nuestros nuevos vecinos no eran extraños, sino que que tenían una rara enfermedad que los hacía sensibles a la luz.
Nadie me creyó la primera vez que conté lo que me había ocurrido, aunque ahora, después de un tiempo, otros chicos se han animado a venir a jugar la casa de Jeremías, mi amigo el vampiro.
¿QUÉ NOS ENSEÑA ESTE CUENTO? TIEMPO DE OPINAR!
EL INSPECTOR CAMBALACHE Y EL ROBO EN EL MUSEO
Oyó la conversación y no podía creer lo que pasaba.Tras las cortinas, el inspector Cambalache permanecía escondido mientras aquellas dos personas tan siniestras planeaban el robo de los cuadros más valiosos del museo de la ciudad. El pobre inspector estaba muerto de miedo, y no sabía qué hacer. Así que esperó a que los ladrones se marcharan para salir de su escondite y avisar a sus compañeros de la comisaría para que evitaran el robo.
Pensaréis que el inspector Cambalache era un poco cobarde. La verdad es que sí, pero él se defendía diciendo que era una persona prudente y que pensaba bien las cosas antes de actuar.
El caso es que el inspector Cambalache sacó su móvil para avisar a la policía y al museo. Salió muy contento por la puerta, con una sonrisa de oreja a oreja, con el teléfono en la oreja esperando a que le cogieran la llamada.
Justo cuando cruzaba la puerta para salir a la calle, alguien con una pinta extraña le preguntó:
-¿Por qué sonríe usted tanto, inspector?
-¡Ja ja ja!- se rió él, muy orgulloso de sí mismo-. Sonrío porque voy a evitar un terrible robo esta misma mañana-.
-¿Sí? ¿De veras?- siguió preguntando aquel extraño -. ¿Dónde se va a producir el robo?
-Pues en el museo de la ciudad.
No pudo seguir hablando. En ese momento, alguien agarró por detrás al inspector Cambalache, le quitó el móvil y le tapó los ojos con una venda. Entre dos le sujetaron los brazos contra su propio cuerpo y lo metieron en una furgoneta que justo acaba de aparcar enfrente.
El pobre inspector se dio cuenta de su error. ¿Quién le manda a él ir contando sus planes por ahí, a cualquiera que le preguntase? Su propio orgullo le había traicionado. Pero no era momento de lamentarse. Tenía que pensar en cómo podía librarse de aquellos malhechores.
Al cabo de un rato, la furgoneta paró. Aquellos hombres bajaron al inspector Cambalache. Entraron en algún sitio que parecía abandonado, bajaron unos cuantos pisos en un ascensor, le quitaron la venda y lo metieron en lo que debía ser un sótano. Allí lo dejaron encerrado y se fueron.
-No estábamos seguros de que hubieras conseguido seguirnos, Cambalache- empezó a decir uno de los bandidos -. Cuando acabemos de robar los cuadros vendremos a ajustar cuentas contigo.
Y se marcharon, dejándolo solo en aquella horrible habitación sin ventanas y con una lúgubre bombilla que parpadeaba cada poco. Solo una mesa vieja y una silla de hierro oxidado le hacían compañía.
Se sentó en la silla a pensar en su mala suerte y en su estúpido orgullo cuando, de pronto, de un agujero de la estancia salió un misterioso gato negro con algunos mechones de color claro.
La verdad es que el inspector Cambalache no era muy amante de los animales, pero en aquel momento aquella compañía le resultó un gran alivio.
-¿Qué hace aquí un gato metido? -dijo el inspector, por aquello de entablar conversación mientras esperaba, aunque bien sabía él que los gatos son poco conversadores.
-Miau -respondió el gato, como era de esperar, con un maullido triste y lastimero.
-Pobrecito -siguió diciendo el inspector -. Seguro que estás muerto de hambre.
-¡Qué hambre ni qué pamplinas!
El inspector Cambalache pegó un salto.
-¡Estoy loco! ¡Estoy loco! -gritó corriendo alrededor de la sala -. ¡No llevo aquí ni cinco minutos y el encierro ya me ha afectado a la sesera!
El gato empezó a merodear alrededor del inspector Cambalache, mientras el pobre hombre se afanaba por alejarse todo lo que podía de de aquel gato.
-No estás loco, Cambalache -empezó a decir el gato-. Soy un gato que habla, y ya está. ¿No conoces a ninguno, o qué?
El inspector Cambalache no salía de su asombro. Pero, como no le quedaba otra que hablar con aquel gato, le contestó:
-La verdad es que ignoraba que los gatos hablaran. ¿Cómo es posible?
-¡Y qué más da! ¡¿Es que te corre horchata por la venas?! ¡¿Están a punto de robar los cuadros más valiosos de la ciudad y tú te quedas ahí preguntándome por tonterías?!
-¡Es cierto! ¡Tenemos que hacer algo! Tengo que salir de aquí.
El inspector empezó a dar vueltas a ver qué podía coger para forzar la puerta. El gato, que no era capaz de comprender a aquel detective tan poco avispado, le dijo con sorna:
-¿No te has preguntado por dónde he entrado yo? Porque no estaba cuando tú entraste, ¿recuerdas?
-Vaya, es cierto. ¿Cómo has entrado? Tal vez pueda yo salir por ahí.
El gato le enseñó el agujero al inspector. Como era demasiado pequeño para él, Cambalache cogió la mesa y la partió de un golpe contra el suelo. Sacó una de las patas y la utilizó para hacer palanca y romper la pared. Tal vez no fuera muy listo, pero Cambalache era increíblemente fuerte.
El inspector y el gato salieron a la calle. No sabía dónde estaba, ni podía avisar a nadie.
-¿Cómo vamos a llegar al museo?- se lamentó.
-Tranquilo, tengo una idea -dijo el gato-. Ven conmigo.
El gato, que conocía muy bien la zona porque llevaba tiempo viviendo por allí, condujo al inspector Cambalache hasta un garaje en el que había una avioneta.
- Sube -dijo el gato.
-¿Qué? ¿Cómo? ¡Hace años que no piloto! No sé si podré hacerlo...
- Eres policía y no tenemos demasiado tiempo así que tendrás que intentarlo.
El inspector Cambalache pensó que no tenía nada que perder así que se concentró y consiguió poner la avioneta en marcha. Despegaron y en unos minutos estaban en el tejado del museo.
Aterrizaron en el tejado del museo. Bajaron de un salto de la avioneta y se metieron en el museo rompiendo la claraboya de la sala central. Las alarmas saltaron por la rotura de los cristales justo cuando los ladrones empezaban a meter los lienzos en sus bolsas. Asustados, los ladrones intentaron huir, pero la policía había llegado ya y los cogieron “in fraganti”.
El inspector había sufrido un fuerte golpe en la cabeza al caer y estaba inconsciente en el suelo mientras esto sucedía.
Cuando despertó en el hospital no estaba muy seguro de lo que había pasado. Cuando le contó a la policía y a los médicos lo que recordaba todo el mundo lo tomó por loco. Pero cuando él mismo empezó a dudar de su cordura, un gato negro con mechones claros apareció en la ventana y le guiñó un ojo.
Loco o no, el inspector Cambalache era un héroe y fue premiado con la medalla de honor de la ciudad por evitar el robo. Eso sí, no volvió a contarle a nadie sus planes, por si acaso.
¿QUÉ MORALEJA PODEMOS SACAR DE ESTE CUENTO?
¡HOLA DE NUEVO CHICAS Y CHICOS!
Veo que ya manejáis el ordenador casi como auténticos profesionales... 😁
Ahora, vamos a copiar las tareas para el fin de semana!
MATEMÁTICAS
Sólo unos problemillas y unas multiplicaciones, no olvides ESTUDIAR LAS TABLAS DE MULTIPLICAR!!
LENGUA
Copia el texto que hay en la imagen, y realiza las actividades de la ficha que el maestro te ha dado.
Y ahora, ¡vamos a disfrutar de este mundo tan chulo!
¡Aquí os dejo un poema que me encanta!
De noche y de día
Cuando es de día,
brilla mucho el sol
todo lo alumbra
y nos da calor.
Luego, poco a poco
se va escondiendo
y cuando es muy tarde
se quedan durmiendo.
Entonces la luna
cumple su deseo
llama a las estrellas
y se van de paseo.
❤ BUEN FIN DE SEMANA ❤
¡BIENVENIDOS CHICOS!
Esta será nuestra nueva plataforma para navegar por este mundo tan interesante que se llama Internet.
Ahora, vamos a copiar las tareas para el fin de semana! Vamos!
TAREA DE MATEMÁTICAS
ESCRIBE CON LETRA LOS RESULTADOS.
DESCOMPÓN LOS RESULTADOS.
REALIZA ESTOS PROBLEMAS.
- En un establo hay 46 caballos. Cada uno de ellos necesita 4 herraduras. ¿Cuántas herraduras hay en total?
- Los alumnos de una clase van a comprar un regalo a su profesora.
Cada uno de ellos ha puesto 3€. Si en la clase son 31, ¿Cuánto cuesta el
regalo?
TAREA DE LENGUA.
Haz una historia de aventuras inspirada en el futuro, realizando un dibujo. Robots, coches voladores,...
Recuerda limpieza, las mayúsculas, poner comas,...
Tiene premio..!!
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